quarta-feira, 30 de abril de 2014

O lado selvagem do êxito chinês



Dos periodistas recorren Europa estudiando los métodos de las redes de delitos económicos
El imperio levantado por inmigrantes asiáticos se sustenta muchas veces sobre pilares oscuros


La estampa gris e industrial de la ciudad toscana de Prato se hace visible a medida que el rutilante Mercedes de Hu Yong Zhang se abre paso entre el tráfico de la capital mundial de la moda rápida, la pronto moda. Los comercios presididos por carteles con ideogramas en mandarín flanquean la Vía Pistoiese, por donde se extiende la zona comercial china. El centro neurálgico de la comunidad late gracias a los miles de negocios —entre ellos, 2.600 talleres textiles— en manos de una comunidad que, a imagen y semejanza de Hu, es protagonista de un éxito empresarial fulgurante. De recién llegados a amos de la confección en poco más de una década. Un enriquecimiento glorioso que habría fascinado al mismísimo Deng Xiao Ping, a quien se atribuye la famosa metáfora.
“Cuando llegué me puse a trabajar en el restaurante de mis padres. Ya en los noventa monté uno de los primeros talleres chinos de Prato. Poco a poco fuimos subiendo en la escala de valor y desplazando a los italianos”, cuenta este hombre de 43 años y natural de Wenzhou. Para desbancar a sus competidores acuñaron una fórmula ganadora: el Made in Italy by Chinese, que no es otra cosa que producir por encargo para las grandes marcas de moda con el prestigioso sello de origen italiano, pero a los precios y la rapidez imbatibles que proporciona la mano de obra china, demasiadas veces explotada de forma clandestina. Gracias a este modelo la comunidad china de Prato es probablemente la más dinámica de Europa, al generar un negocio evaluado en 2.000 millones de euros anuales en esta ciudad de 195.000 habitantes. Pero, a la vez, se ha convertido también en el kilómetro cero de la criminalidad económica china.
Lo sabe bien Mattia Ianniello, investigador de la Guardia de Finanza de Florencia. Han pasado ya más de seis años y en su memoria mantiene intactas las imágenes de las pesquisas del mayor zarpazo contra el hampa china en Italia, la Operación Cian Ba, cuya fase final se desarrolló en 2012. Recuerda el régimen de “esclavitud”, los ritmos extenuantes y las condiciones infrahumanas que vivían los empleados en las entrañas de los talleres intervenidos en Prato: “Había algunos atados a la cama”, recuerda. Un sufrimiento que genera una competitividad imbatible y beneficios millonarios en negro para quienes controlan el negocio.
Para los chinos, ganar en Europa es difícil si no evitan los impuestos”, reconoce un prohombre de la comunidad
“Todo comenzó cuando una empresa de transporte y custodia de dinero nos contó que su mayor negocio no estaba en los bancos, sino en los chinos. Recogían de forma regular varios millones de euros en pequeños negocios chinos, mientras que los bancos movían una media de 200.000 o 300.000 euros al día. Y nos preguntamos: ¿de dónde procede todo ese dinero?”, explica Ianniello. Así que tiraron del hilo. “El primer negocio que investigamos fue una librería en Prato que enviaba remesas. Tenía una superficie de unos diez metros cuadrados, pero enviaba un millón de euros al día divididos en cantidades inferiores a 2.000 euros”.
Esas cifras suponían que cientos de clientes debían aparecer diariamente en el local, al menos uno cada dos o tres minutos. Sin embargo, apenas entraba un puñado de personas en la librería Ou Hua, situada en el número 13 de la Vía Cavour y regentada por una histórica familia china. La misma familia que, según los fiscales, controlaba otras 13 agencias de envío de remesas por toda Italia e incluso la matriz financiera, la Money2Money. ¿Cuál era el origen de todo ese dinero? ¿Y por qué evitaban en sus transacciones el sistema bancario?
El sistema era relativamente sencillo: según la policía, recibían diariamente varios millones de euros en efectivo de la comunidad china, generados por la venta sin declarar de prendas textiles y otras mercancías, la emigración ilegal, la prostitución, el contrabando o el comercio de artículos falsificados, y los enviaban a China camuflados como remesas de inmigrantes. Cuanto más efectivo enviaban, más necesarios eran los miles de pasaportes e identidades falsas chinas que manejaban para dividir las remesas en cantidades menores a 2.000 euros por persona y trimestre, que es el umbral fijado por el Banco de Italia para que una transacción no sea señalada como sospechosa. Así sacaron ilícitamente de Italia más de 4.500 millones de euros en cuatro años, según las autoridades italianas.
Quienes combaten el crimen organizado económico chino en España saben que la Operación Cian Ba no es un caso aislado, sino un botón de muestra de un sofisticado fraude transnacional que ha alcanzado cotas alarmantes. El análisis de decenas de sumarios y casos judiciales en España, Francia, Italia, Portugal, Austria y Rumania, y el centenar de entrevistas con investigadores, fiscales, agentes de aduanas y funcionarios de agencias tributarias y de Interpol apuntan inexorablemente en la misma dirección: la existencia de una economía multimillonaria que progresa y se hace fuerte por cauces ilícitos, como si de un imperio invisible se tratase, y cuya ventaja competitiva reside precisamente en las ventajas que reportan las ilegalidades. Circunstancia esta reconocida incluso por algunos prohombres de la comunidad china en España.
Uno de ellos es el afable vicepresidente de una de las asociaciones chinas en nuestro país quien, por razones obvias, habla a condición de anonimato. “Muchos chinos en España quisieran dar una visión solo positiva de la comunidad, pero yo quisiera hablar francamente. No podemos olvidar algunas partes de la historia”, se arranca durante un almuerzo en Wenzhou. “Para los chinos, ganar dinero en Europa es casi imposible si no evitan el pago de impuestos, porque los negocios no dan tantos beneficios. En el comercio mayorista todos hacen lo mismo porque hay mucha competencia por captar clientes. Y los restaurantes, si solo utilizaran trabajadores legales, sería muy difícil que pudieran sobrevivir”, admite entre bocanadas de humo. “Es imposible acabar con esto porque los chinos aprovechan los puntos débiles del sistema. Y la gente siempre quiere más dinero. Y si no te pillan, siempre puedes seguir ganando mucho más”, zanja entre carcajadas.
Todas las operaciones desencadenadas en nuestro país en los últimos cinco años, incluida la mediática Emperador, dibujaron un modus operandi delictivo en esa línea. El fraude arranca en la importación cotidiana y masiva de mercancía de lícito comercio sobre la que, sin embargo, los negociantes asiáticos tratan de pagar los menores impuestos y aranceles posibles. También tocan el comercio ilícito: contrabando de tabaco, de ropa de marca falsificada o de medicamentos falsos. La explotación de mano de obra china procedente de la inmigración clandestina es también recurrente. Y, finalmente, crean ingeniosas tramas para sacar ilícita y subrepticiamente los abundantes beneficios con destino a China, donde se reinvierte en producción o en ladrillo. El círculo completo.
Nada se deja al azar entre las familias chinas que controlan estos negocios y que, dicho sea de paso, no integran mafias ni triadas. No hay tatuajes, torturas, ni un malvado capo dei capi. De hecho, el perfil de los ideólogos de las tramas es mucho menos cinematográfico de lo que podría pensarse: bascula entre el empresario hecho a sí mismo y el hábil delincuente capaz de explotar las fisuras de nuestro sistema; perfil este que coincide con el de Gao Ping, el supuesto cabecilla de la trama desarticulada por la Operación Emperador que logró blanquear y evadir entre 800 y 1.200 millones de euros en un periodo de cuatro años. Son, en definitiva, emprendedores que se dedican a una actividad legal —el comercio o la producción textil—, pero que llevan hasta extremos delictivos el ejercicio de sus actividades para hacerlas más lucrativas.

Un trabajador chino lee un diario en Cobo Calleja (Fuenlabrada, Madrid). / LUIS SEVILANO
Viaje al puerto de Valencia. En un almacén del complejo portuario, el de mayor tráfico marítimo de contenedores de España, se puede comprobar cómo las mercancías procedentes del gigante asiático sucumben muchas veces al escrutinio oficial. Un grupo de funcionarios inspecciona un contenedor procedente de China que Rita, el superordenador de la Agencia Tributaria, ha considerado que merece las comprobaciones que aparea ser considerada una mercancía del “circuito rojo”: la apertura para revisar la carga. Las inconsistencias en su declaración aduanera han hecho saltar la alarma.
Según fuentes no oficiales, entre el 5% y 8% de los contenedores del puerto valenciano se someten a revisión física. Los análisis de riesgo que efectúa Rita son la herramienta fundamental para el control inteligente de las mercancías que entran en España, porque el enorme volumen de comercio impediría un control pormenorizado de todas las mercancías sin colapsar los puertos. Una situación que da pie al fraude. La forma habitual de hacerlo es falseando la cantidad, el valor y la naturaleza de la mercancía para ahorrar en el pago de aranceles o IVA; así como el origen de la carga o la identidad real del importador, normalmente a través de estructuras societarias, para asegurarse que les asignen “circuito verde”. Cuanto mayor sea la cantidad defraudada al Tesoro público, más competitividad y margen de beneficio.
La primera alerta se dio en Nápoles. Su puerto se había convertido en 2004 en el coladero por el que entraban de contrabando las mercancías chinas gracias al arreglo que los comerciantes chinos tenían con la Camorra, que controlaba las dársenas. En cuanto se endurecieron las inspecciones, el tráfico se desvió en bloque a otros puertos, como Valencia, hasta que una mayor vigilancia en el español llevó a los importadores a despachar por puertos menos combativos: Constanza, Atenas, Lisboa, Southampton o incluso Hamburgo. Así es el juego del gato y el ratón en el que los importadores parecen ir un paso por delante gracias a las múltiples opciones que brindan cientos de puertos en 28 países comunitarios. “Estas prácticas de fraude son masivas, conocidas y extensivas, aunque los chinos no son los únicos que las hacen”, explican desde la Agencia Tributaria. La escala del fraude es formidable: “No hay nadie que no lo cometa en sectores como el textil o el calzado porque, si no lo hicieran, no podría vender la mercancía al mismo precio que sus competidores y estarían automáticamente fuera del mercado”, remarcan otras fuentes de la investigación.
Nadie es capaz de cuantificar, ni siquiera aproximadamente, cuál es el flujo de esa mercancía que los importadores chinos meten fraudulentamente en Europa. Pero se pueden extraer conclusiones tomando como muestra las principales operaciones policiales en los polígonos industriales de España donde los importadores monopolizan la distribución. El primer gran caso contra el crimen económico chino fue el que llevó la Guardia Civil en 2011, cuando decapitó la actividad empresarial y el aparato de blanqueo de uno de los supuestos próceres de la comunidad —Wen Hai Ye Wang o Luis Ye— en el marco de la Operación Long-Dragón Blanco.
Luis Ye llegó a España a finales de los ochenta y enseguida se incorporó al ciclo empresarial clásico: abrió primero un par de restaurantes chinos en Madrid con otros familiares, luego un supermercado de alimentos asiáticos y más tarde se metió de lleno en la importación de mercancías, en una época de gran rentabilidad, justo en el momento en que los bazares chinos empezaban a brotar como setas en nuestras ciudades. Pero no se conformó con eso.
La explosión del Made in Italy by Chinese se ha sustentado en mano de obra barata, muchas veces explotada
Poco a poco, creó un holding de al menos 25 empresas, que utilizaba para traer trabajadores chinos y le permitieron impulsar “durante décadas” la emigración ilegal, según los informes de la Guardia Civil, que intervino en los registros policiales documentación relacionada con 300 personas. También apostó por el contrabando de productos falsos y de tabaco, lo que le debía reportar jugosos beneficios teniendo en cuenta que un contenedor de tabaco se vende por 700.000 euros cuando traerlo de China cuesta 100.000. El dineral que supuestamente iba amasando permitió a Luis Ye proveer a los emigrantes que traía y a otros miembros de la comunidad china con la financiación necesaria para que montaran restaurantes, bazares, peluquerías, bares y otros pequeños negocios. Según la Guardia Civil, los préstamos de ese “banco paralelo” tenían “su origen en el dinero ilícito de la organización”.
En el otro gran caso contra las redes delictivas asiáticas, el célebre Emperador, los informes de la Unidad de Drogas y Crimen Organizado (UDYCO) de la Policía Nacional revelan que las empresas vinculadas a Gao Ping en el polígono fuenlabreño de Cobo Calleja (Madrid) importaban unos 1.500 contenedores anuales. Puestos uno detrás de otro, esos contenedores conformarían una serpiente metálica que se extendería desde la Puerta del Sol de Madrid hasta el aeropuerto de Barajas. Solo se declaraba entre el 10% y el 20% del valor real de los bienes, y el 80% restante generaba una economía sumergida equivalente a varios cientos de millones de euros anuales.
Algo similar se sospecha que acontece en el polígono ilicitano del Carrús, tradicional epicentro del zapato de producción española y donde en 2004 se produjeron incidentes y destrozos contra los negocios chinos en protesta por una supuesta competencia desleal asentada en el contrabando, la explotación laboral, la evasión fiscal y otras infracciones. Una década después, sin embargo, no parece que las cosas hayan cambiado. “Estamos exactamente ante la misma situación de competencia desleal que entonces”, confirma Luis Ángel Mateo, teniente de alcalde de empresa y empleo del Ayuntamiento de Elche. Se refiere a una retahíla de ilegalidades: desde personal chino que no está dado de alta hasta sumergir gran parte del negocio para no pagar impuestos, sin olvidar las infracciones técnicas o en materia de horarios comerciales.
La comunidad china de Elche es un bastión económico de la ciudad. Controla 150 de las 400 empresas del polígono ilicitano y ha expandido sus negocios a la vecina localidad de Crevillente. La Operación Heijin, lanzada el pasado abril por la Unidad de Delincuencia Económica y Fiscal (UDEF) de Alicante, expuso el alcance de sus actividades delictivas, al desmantelar una trama en la que una sola importadora de calzado —Ou Lin Li— declaró únicamente una quinta parte de un negocio que, entre 2009 y 2011, logró evadir más de 103 millones de euros.
Los chinos en Elche dicen sentirse “víctimas de una persecución policial y periodística”. Uno de los empleados en una de las empresas investigadas reconoce que la economía sumergida sigue muy presente en el distrito chino del Carrús, pero, a la vez, da una versión muy particular de qué hay detrás de las actuaciones policiales. “Los españoles están en el paro y no tienen dinero. Se creen que los chinos nos lo hemos llevado. Creen que todo es culpa de los chinos. No tienen razón, nosotros trabajamos 13 o 14 horas diarias”, advierte. Luis Ángel Mateo, el edil ilicitano, responde de forma contundente: “¿Persecución policial? Si se instalaran en Elche empresas extranjeras que cumplieran la legalidad no habría ningún tipo de persecución”, remata.
El puerto de Nápoles se convirtió en un coladero para el contrabando chino gracias al arreglo con la Camorra
¿Y qué sucede con los cuantiosos beneficios obtenidos en negro? Una parte sale en billetes de 500 escondidos, por ejemplo, en paquetes de café o en el interior de los envoltorios de bombones Ferrero Rocher que llevan como regalo las familias chinas cuando regresan por vacaciones. O se envía, al igual que en Italia, en forma de falsas remesas que en realidad son envíos masivos para pagar a proveedores. Pero, a la vez, una parte de ese capital de origen fraudulento se queda en España, donde se usa para financiar —muchas veces en condiciones de usura— la apertura de nuevos negocios minoristas de otros compatriotas. Ello explicaría, según policías, fiscales y unidades antimafia de España, Italia y Francia, la rápida proliferación de negocios nuevos en manos de la comunidad china como bares, peluquerías o tiendas de ropa o, en el caso del país francés, las cafeterías-estanco (bar-tabac).
La disposición de dinero en efectivo explica también la expansión rapidísima de polígonos como Cobo Calleja o el Carrús. Nadie pone en duda la gran capacidad de trabajo de la comunidad, y por supuesto no hay que confundir la parte con el todo y meter al conjunto de los chinos en el mismo saco. Pero una fuente que conoce el polígono de Fuenlabrada desde hace más de dos décadas aporta un valioso ejemplo al recordar, por ejemplo, cómo antes de la crisis “los chinos llegaban con cajas de zapatos con billetes de 500 euros y máquinas de contar dinero” y abonaban una parte muy importante del precio de las naves en efectivo, pagando además una prima. Los edificios llegaron a costar cuatro o cinco millones de euros en tiempos de bonanza, y otro gran proyecto chino como el complejo comercial Plaza Oriente, intento de crear un auténtico Chinatown madrileño, está valorado en 65 millones de euros.
H. Araújo y J. P. Cardenal son los autores de La silenciosa conquista China (Crítica, 2011) y acaban de publicar El imperio invisible (Crítica).
Paciencia y tiempo para salir de la crisis
ÁLVARO DE CÓZAR
El reflejo dorado que a veces irrumpe en la A-42 a su paso por Fuenlabrada dependiendo de la hora del día proviene de un extraño edificio situado en uno de los márgenes de la carretera. Es el centro comercial Fénix, un mastodonte de cristal y aluminio pintado de rojo y oro a la salida del polígono de Cobo Calleja, al sur de Madrid. El edificio, propiedad de la empresa china Don Pin, terminó de construirse en enero de 2012. Sus dueños anunciaron que iba a ser el mayor centro comercial para chinos, un paraíso del ocio que albergaría restaurantes, salas de juegos y discotecas. Por ahora solo se ha abierto un supermercado. Las demás salas siguen vacías, aunque algunos operarios que trabajan en la zona aseguran que los negocios llegarán pronto.
El Fénix simboliza muchas de las cosas que les están ocurriendo a los negocios chinos en España. Para empezar, es un ejemplo de que la crisis les afecta. También de que los chinos sonpacientes. “El chino sabe ser cauteloso”, dice Pedro Nueno, profesor de la Escuela de Negocios IESE, “muchas veces parece que algunos de sus negocios han fracasado y, sin embargo, lo único que está pasando es que están yendo muy despacio”.
El Fénix también es un fiel reflejo de la nueva clase de empresarios chinos que han hecho fortuna en España. Uno de sus dueños, Moadong Chen, tiene 33 años y llegó al país con 18. No se parece en nada a la imagen del inmigrante chino que desconocía la lengua y vivía en un mundo cerrado que alimentaba todo tipo de leyendas y estereotipos. Moadong es un tipo influyente en su comunidad, que maneja fluidamente el castellano y que ha pasado ya por distintos negocios con éxito, desde abajo hasta la cima. “Esa imagen antigua está ya caducada”, afirma Minkang Zhou, profesor de la Universidad Autónoma de Barcelona. “Hoy en día hay dos generaciones. La segunda está adaptada. Saben que el mundo está cambiando. Han trabajado duro y tienen una gran capacidad de adaptación”, explica Minkang, que señala como ejemplo de esa capacidad para los negocios las nuevas fruterías. “Los chinos saben que hay un riesgo en todo, pero siguen adelante. Salen de un negocio y montan otro”, comenta el profesor.
A poca distancia del centro Fénix, se encuentra el Plaza de Oriente, un polígono inaugurado a principios de 2011 en una fiesta de dragones y farolillos a la que asistieron políticos y personalidades con la promesa de convertirlo en el centro del comercio chino en España. Nada de eso ocurrió en los meses siguientes. El polígono languideció primero y resurgió después con otro modelo. Sus 80 naves están ahora dedicadas a la venta de zapatos al por mayor. Todas las explotan chinos menos una, en manos de un español que compite con ellos bajando precios y distribuyendo menos zapatos por caja. Un tipo que se ha adaptado. Al modo chino.

Knausgård. A última revelação das letras europeias é um escritor norueguês


Knausgård: vivir para confesarlo

La última revelación de las letras europeas es un escritor noruego, autor de ‘Mi lucha’, ciclo de 3.600 páginas que le ha valido comparaciones con Proust Sebald
El autor afirma que el éxito le produjo “un problema de identidad”


Durante tres años seguidos, Karl Ove Knausgård escribió veinte páginas diarias sobre su propia existencia. El escritor noruego pretendía superar así una larga crisis creativa, pero también la trágica desaparición de su padre, fallecido tras ingerir cantidades industriales de alcohol junto a una abuela senil e igualmente ebria, pocos meses antes de que el autor cumpliera 40 años. Knausgård siguió escribiendo hasta concluir una saga de seis volúmenes autobiográficos, escritos con lucidez existencial y honestidad sanguinaria, a la que la que confirió el polémico título de Mi lucha, que reconoce haber escogido como pura provocación.
Su aventura terminó en 2011, cuando ya se había convertido en un fenómeno de masas en Escandinavia. Desde entonces, también lo es en el mercado anglosajón, donde se le ha comparado con Proust y W.G. Sebald, además de ser adulado por autores como Jonathan Lethem, Zadie Smith y Jeffrey Eugenides –“ha roto la barrera de sonido de la novela autobiográfica”, sentenció este último–, beneficiado por el respaldo del todopoderoso agente Andrew Wylie, responsable del boom internacional de Roberto Bolaño. Tras un primer volumen centrado en su progenitor, La muerte del padre, Anagrama publica ahora el segundo tomo de la saga, Un hombre enamorado, que versa sobre las frustraciones de su vida diaria como padre de familia, relatadas con todo lujo de detalles. “Yo quería dejar a Linda, porque siempre se estaba quejando, siempre quería algo distinto, y nunca hacía nada para conseguirlo. Se limitaba a quejarse, quejarse y quejarse”, sostiene sobre su mujer nada más empezar.
Pasan unos minutos de los dos de la tarde. Knausgård, hombre de rostro torturado y mirada cristalina, aguarda en el andén de la estación de Ystad, pequeña ciudad en la costa sur de Suecia a la que se mudó junto a su familia hace tres años, huyendo del mundanal ruido de Estocolmo. Una vieja camioneta llena de objetos desordenados –libros de Per Petterson, una temporada de la serie Mad Men y hasta una muñeca Violeta, la heroína argentina de la factoría Disney– nos conducirá hacia su hogar, una casa de campo tradicional dotada de un espacio de trabajo independiente que huele a tabaco y cafeína, presidido por una batería que dice tocar de vez en cuando. La entrevista tendrá lugar en el sofá naranja de su biblioteca, donde conviven Stig Dagerman, Virginia Woolf y los ensayos de Montaigne. “Me estudio más que ningún otro asunto. Yo soy mi física y mi metafísica”, dejó dicho el pensador francés. Damos por sentado que, siendo autor de 3.600 páginas sobre su propia vida, lo comparte sin matices.
Llevaba tiempo trabajando en el libro, pero no encontraba la forma adecuada de tirar adelante. Un día me puse a escribir de manera embarazosamente confesional, contando cosas íntimas de las que nunca había hablado antes”, empieza relatando. Cuando se lo enseñó a su editor, le dijo que le parecía digno de “un maníaco”. Ese día entendió que lo había encontrado. “Había en el texto una energía infrecuente. Abordaba una intimidad de la que se supone que no debe hablar una novela”, explica.
El éxito del proyecto reside, precisamente, en la transgresión de ese tabú. Al recorrer sus páginas, uno tiene la sensación de allanar su morada y adentrarse sin permiso en su privacidad. De hacerse con un diario personal escondido en un cajón y leerlo con avidez, para terminar descubriendo secretos extrañamente familiares. Retraído pero nada hermético, Knausgård asiente. Existe placer en el hecho de leer sobre vidas ajenas, pero también en el de contar la tuya. Narrar tu propia existencia resulta casi lujurioso. Y, como toda lujuria, viene acompañada de culpa y de vergüenza. Por lo menos, eso es lo que he sentido yo”, asegura.
Pregunta. Su proyecto ha causado un sufrimiento atroz a su alrededor. Su madre le intentó disuadir para que no lo publicara, su ex mujer le ha condenado públicamente, la familia de su padre no le habla y su actual esposa terminó deprimida. ¿Cómo consiguió tirar adelante?
Respuesta. Me repetía que el libro era más importante que mi vida. En aquel momento, lo creía de verdad. Cuando uno crea algo así, debe quererlo con todas sus fuerzas. Si no, el proyecto no resulta valioso. Eso no quita que fuera difícil e incluso descorazonador. Yo siempre me había visto como una buena persona. Y este libro no era el acto de una buena persona. Pero, por una vez en mi vida, me dije que tenía que ser honesto.
P. Entonces, ¿cree que ha valido la pena?
­R. Sí. Estoy feliz de que estos seis libros existan. Lamento haber hecho daño a los demás, pero no puedo decir que lo sienta. Dicho esto, dudé mucho. Cuando mandé el manuscrito a mi entorno y todos reaccionaron tan mal, me planteé no publicarlo. Ya lo había escrito, ¿para qué necesitaba que lo leyeran los demás? Entonces me di cuenta de que necesitaba el aplauso ajeno. Solo lo siento por mis hijos. El precio que pague yo no me importa, pero el que puedan pagar ellos, sí.
Se calcula que uno de cada cinco noruegos ha leído alguno de sus libros. Algunas empresas tuvieron que prohibir sus novelas para evitar que los trabajadores se desconcentraran en horario laboral. Lejos de alegrarle, el éxito le perturbó. “Yo procedía del mundo académico y me consideraba un tipo serio que hablaba de cosas importantes. No me veía como un autor de best sellers”, reconoce. “¿Cómo era posible que me sucediera esto? ¿En qué había fallado? El éxito me provocó un problema de identidad. Afectó a la imagen que tenía de mí mismo”. Es cierto que sus novelas anteriores tenían un perfil más erudito. Su segundo libro, Un tiempo para todo, versaba sobre la conexión entre lo humano y lo divino, además de reinterpretar pasajes de la Biblia. En cambio, Un hombre enamorado habla de calentar biberones y preparar papillas, de sortear desdichas domésticas y ganar batallas conyugales a riesgo de perder la guerra.
P. ¿Cómo pasa uno de las sagradas escrituras a los pañales de sus hijos en menos de media década?
R. Nunca me lo planteé racionalmente – responde, soltando su primera y última carcajada. – Sentía una gran frustración, provocada por mi vida familiar. Me decía que mi vida no tenía sentido y soñaba con marcharme. Hoy me sigo sintiendo así, pero menos. Este libro resolvió algo en mi interior. Antes veía a mi familia como el enemigo. Ahora los veo como aliados. La recepción del libro fue tan extrema que agradecí que estuvieran a mi alrededor para protegerme.
P. ¿Ahora ya no cree que sería mejor escritor si no tuviera familia?
R. No, porque estaría totalmente aislado. Tener mujer e hijos me obliga a la interacción social, a enfrentarme al otro. Y de esa confrontación surge algo indudablemente bueno. Cuando era joven me marchaba largas temporadas a islas semidesiertas, porque creía que así era como uno debía escribir. Con el tiempo he entendido que hay que aprovechar lo que tienes delante. Sin ese conflicto familiar, mi libro no existiría.
P. ¿En algún momento lamentó haber escogido un título tan connotado y polémico como Mi lucha?
R. No. Siempre me ha parecido un buen título. Al final del sexto libro hablo sobre Hitler, aunque no fue premeditado. Me interesa la diferencia entre individuo y masa.
P. En el primer volumen, define esa lucha como un enfrentamiento “contra una fuerza superior”, pese a no ser religioso. ¿En qué consiste entonces esa fuerza?
R. Me resulta imposible responder con precisión. Existe un gran anhelo en el libro por vivir en el momento presente. Es algo que solo me sucede con la lectura, la escritura y el arte. Es un sentimiento parecido al que debía de ofrecer la religión: una conexión con el mundo, un esplendor de la existencia. Mis hijos no estudian la Biblia en el colegio y lo siento por ellos. Se está perdiendo un lenguaje, una mitología, una manera de experimentar el mundo. ¿Dónde ha quedado el éxtasis? ¿Ha adoptado otra forma o ya no lo necesitamos?
P. Dígamelo usted.
R. Diría que la cultura del entretenimiento ha sustituido a la religión en solo un par de generaciones. Mis hijos crecerán en un mundo muy distinto al de mis padres. Me da pena, pero tampoco me opongo a ello. ¿Qué puedo hacer si a mi hija le gusta Violeta? Cada generación tiene las llaves de su tiempo.
P. Suecia, Noruega y Dinamarca encabezan la lista de naciones con mayores índices de felicidad, según datos recientes de la Universidad de Columbia. ¿Intensifica eso su desapego?
R. Tal vez tenga envidia de esa gente, porque yo nunca he sido feliz. Ya sabe que existe una larga tradición de intelectuales escandinavos depresivos, de Ingmar Bergman a Lars Von Trier [sonríe]. Ser escandinavo significa formar parte de una sociedad que, desde que eres niño, te repite que no eres más importante que tu vecino. En la fotografía más conocida del Rey de Noruega, aparece en un tranvía vestido de calle y enseñando su billete. Ese proyecto social igualitario me parece bueno. El problema es que implica un consenso excesivo. En Escandinavia, todo el mundo piensa lo mismo. Y, cuando te atreves a decir cosas opuestas al consenso, eres considerado un ser malvado.
P. Pues en el libro dice unas cuantas. Por ejemplo, pone matices a la igualdad entre géneros y dice sentirse “emasculado” como hombre.
R. Eso responde a una gran inseguridad respecto a mi propia masculinidad. Un hombre de verdad no tendría problemas en criar a sus hijos. Ahora he cambiado un poco. He encontrado una manera de ser padre sin sentirme amenazado, tal vez porque vivo en el campo, donde los roles de género son más tradicionales que en la ciudad. Cuando vivía en Estocolmo presencié una conversación entre dos hombres que discutían sobre si era mejor llevar al niño de cara o de espaldas en la mochila porta-bebé. Me produjo un intenso sentimiento de claustrofobia. Odio que seamos cada vez más parecidos. Es mi definición del infierno.
P. ¿Qué escribe uno después de un proyecto como este?
R. De momento, muy poco. Tengo que superar lo que me ha pasado para ser capaz de seguir adelante. Necesito escapar a lo que soy y sentirme libre. Me he puesto a leer sobre física, disciplina de la que no sé nada, para ver si logro reinventarme. De momento no ha dado resultado. El año pasado intenté empezar una novela. Escribí cuarenta páginas abominables. Sé que es posible que no vuelva a escribir nada que merezca la pena publicar.

quinta-feira, 17 de abril de 2014

Indemnizações milionárias num banco falido!!!



Indemnizações milionárias num Banco falido! Como é que isso é possível? Expliquem-me porque eu não compreendo.

Jorge Jardim Gonçalves, Paulo Teixeira Pinto, Filipe Pinhal, Christopher de Beck, António Rodrigues, Armando Vara, Santos Ferreira, Vitor Fernandes, António Ramalho e Nuno Amado, são alguns dos responsáveis pela miserável performance do Millennium BCP mas bem recompensados por isso, pois só à sua conta, o cofre do Banco ficou aliviado em várias dezenas de milhões de euros.

http://direitodeopinar.blogspot.com 

Se o Banco Millennium BCP esteve avaliado em mais de 15 mil milhões de euros e agora vale aproximadamente um décimo; se boa parte dos seus produtos dão prejuízo aos clientes, estando a  porcaria das acções na primeira linha, com milhares de clientes "agarrados" e alguns arruinados; se o BCP sai da Grécia com prejuízos acumulados de mais de 2,4 mil milhões de euros, como é possível que os actuais e os anteriores Executivos usufruam de remunerações milionárias e tenham beneficiado de indemnizações exageradamente escandalosas!

Então essas pessoas que fizeram negócios de altíssimo risco, criminosamente ruinosos; que levaram o Banco à falência e que desgraçaram a vida de milhares de clientes, são recompensadas pelos maus serviços que prestaram?

Uma empresa que não dá lucros não pode distribuir benefícios. Se o Millennium BCP não gera mais valias para os seus clientes e reduziu o seu valor patrimonial em cerca de noventa por cento, os administradores, em vez de receberem ordenados, indemnizações e reformas milionárias, deviam ser responsabilizados e penalizados por esses maus resultados mas nunca ser recompensados pelo seu mau trabalho, como infelizmente acontece neste País suigeneris.

Neste País pagam-se ordenados milionários a qualquer sujeito desavergonhado que tenha jeito para a vigarice e arte para levar as Empresas à falência!

Não entendo estas regras e não me conformo com elas.

http://direitodeopinar.blogspot.com/2013/04/indemnizacoes-milionarias-num-banco.html

Há 13 dias. Matar para facturar no banco millennium Angola





Luanda, 17 de Abril 2014.

A câmara de gás continua! Há 13 horrendos dias e noites que o banco millennium nos gaseia. SOS UNICEF, CRIANÇAS NA MORTE! O monstro gerador do banco millennium, na rua rei Katyavala, mata com o fumo e o barulho. Dormir não! Pobres crianças, e idosos, que precocemente morrerão cancerosos, vítimas do neocolonialismo. Este petróleo por onde passa deixa um cortejo de cadáveres. Quem promove tumultos, o descalabro social e manifestações de rua? Quem é?! E o terreno foi espoliado.

quarta-feira, 16 de abril de 2014

Quem fomenta o terrorismo?! É o gás mortal do banco millennium Angola






Luanda, 16 de Abril 2014.

A câmara de gás continua! Há 12 horrendos dias e noites que o banco millennium nos gaseia. SOS UNICEF, CRIANÇAS NA MORTE! O monstro gerador do banco millennium, na rua rei Katyavala, mata com o fumo e o barulho. Dormir não! Pobres crianças, e idosos, que precocemente morrerão cancerosos, vítimas do neocolonialismo. Este petróleo por onde passa deixa um cortejo de cadáveres. Quem promove tumultos, o descalabro social e manifestações de rua? Quem é?! E o terreno foi espoliado.