segunda-feira, 16 de fevereiro de 2015

Observando o Mundo. DESPERTAI! MARÇO DE 2014





Espanha
Um grupo de cientistas acredita que a ação do homem pode ter contribuído para o terremoto de 2011 em Lorca, sul da Espanha, onde nove pessoas morreram e dezenas ficaram feridas. Os geólogos encontraram uma correlação entre o terremoto e os locais de onde foram retiradas enormes quantidades de água do lençol freático que seriam usadas para irrigação.

China
Em 2012, turistas chineses gastaram 102 bilhões de dólares em viagens internacionais. De acordo com a Organização Mundial do Turismo da ONU, é a primeira vez que a China lidera o ranking dos países que mais gastaram em turismo internacional — superando a Alemanha e os Estados Unidos, que gastaram aproximadamente 84 bilhões de dólares cada um.

Japão
Um estudo publicado no The British Medical Journal acompanhou quase 68 mil japoneses por cerca de 23 anos. Pesquisadores descobriram que as mulheres nascidas entre 1920 e 1945 e que começaram a fumar antes dos 20 anos tinham em média uma expectativa de vida de dez anos a menos do que as mulheres que nunca fumaram. No caso dos homens, a expectativa de vida era de oito anos a menos.

Mauritânia
A importação, a fabricação e o uso de sacolas plásticas foram proibidos no país a fim de proteger animais terrestres e marinhos, que podem morrer depois de ingeri-las. Agora, o governo está promovendo o uso de alternativas biodegradáveis.

Mundo
As indenizações pagas pelas seguradoras em caso de desastres climáticos somam em média 50 bilhões de dólares por ano. Os valores desse prejuízo, corrigidos pela inflação, mais que dobraram a cada década desde os anos 80.

http://www.jw.org/pt/publicacoes/revistas/g201403/observando-o-mundo/


domingo, 8 de fevereiro de 2015

RDCongo. Agresiones sexuales y magia negra





Las mujeres y niñas de Kavumu, en la provincia de Kivu del Sur (al sureste del país) viven en permanente tensión y riesgo. / ITSASO VÉLEZ DEL BURGO GUINEA

En algunas zonas de la República Democrática del Congo proliferan las violaciones a vírgenes para usar su sangre como fuente de gloria y poder

NURIA GAETA Kampala 

Desde hace algunos meses, la hematomancia o la magia usando sangre, se está ensañando con las niñas de Kabare en la República Democrática del Congo. Los criminales raptan a las pequeñas por las noches, las agreden sexualmente y aprovechan su sangre como fuente de riqueza, gloria y poder. La comunidad aterrada se pregunta cómo parar esta ola tan violenta de agresiones sexuales y magia negra.
“Qué bestialidad lo que está pasando en Kavumu y Katana. No paran de violar a niñas de dos y tres años. Anoche violaron a otra”, así sonaba el mensaje que Lorena Aguirre, coordinadora de país de la ONG Coopera en la República Democrática del Congo, lanzaba a algunos periodistas con deseos de implicar a los medios de comunicación en la zona en esta triste realidad.
En esos días la periodista congoleñaCaddy Adzuba, recibía el premio Príncipe Asturias a la Concordia 2014por su trayectoria laboral dedicada a denunciar las agresiones sexuales, la pobreza y la amenaza constante de guerra con que las mujeres congoleñas conviven desde hace décadas. Las mujeres y niñas de Kavumu, en la provincia de Kivu del Sur —al sureste del país— viven en permanente tensión y riesgo. La frecuencia con que son agredidas y ultrajadas ha convertido el peligro en algo normal en su día a día, ahogándose en el silencio y desinterés nacional e internacional. “¡Ya está bien!”, exclaman las madres de Kavumu, “queremos gritar para que sepan las atrocidades que están haciendo a nuestras hijas”.
Una nueva moda de escalofriantes atentados contra la integridad física y la dignidad humana está causando el terror en estas comunidades congoleñas de unos 200.000 habitantes. El modus operandi de los agresores es cada vez más sanguinario. Zahimire Rugambwa, presidente de la organización local UERPV (Intervención por la Unión y Recuperación de Personas Vulnerables) relata: “A partir de las siete de la tarde, cuando el día se pone, el peligro acecha. Los violadores buscan las casas más pobres y en peor estado constructivo, rascan un agujero en las paredes de barro o aprovechan la ausencia de madres solas, trabajadoras nocturnas, para entrar en las casas y robar a las niñas”. Se dice que adormecen a las víctimas e hipnotizan al resto de familiares pero nadie lo sabe con seguridad; dónde se las llevan es también una incógnita. Después de violarlas y agredirlas físicamente, son devueltas al hogar con graves y dolorosas heridas. Las edades de las víctimas oscilan entre los cuatro meses y los 17 años. En lo que va de año, solo en el hospital de Kavumu se han registrado 25 agresiones sexuales con las mismas características, aunque existen otros muchos casos que no acuden al centro sanitario y caen en el olvido, asegura Passy Huhogera, enfermero jefe del hospital.
El doctor Mugisho Kavul, con lágrimas en el alma, narra: “Desgraciadamente las agresiones sexuales en el Congo han existido siempre, pero lo verdaderamente preocupante ahora es la corta edad de las víctimas. Tenemos un caso de un bebé de cuatro meses. Las consecuencias sobre estas niñas son inmensurables. Las más pequeñas llegan al hospital desangrándose, con intensos dolores y perforaciones que unen el conducto vaginal con el ano. Niñas que no podrán tener hijos y que serán rechazadas por posibles maridos y por la comunidad”. En elhospital local realizan la primera atención que ayuda a cortar las hemorragias, pero debido a la escasez de recursos los casos más graves deben ser trasladados al hospital de Bukavu. Esto supone el principio de una nueva espiral sangrante. Los familiares de las víctimas no pueden asistir por lo costoso que supone la estancia fuera de sus casas, la incapacidad económica de ausentarse del trabajo durante días y la falta de apoyo social para atender a sus otros hijos, según narra el personal sanitario del hospital. La problemática de la violencia sexual, la pobreza y la marginación se entrecruzan en una escabrosa y triste realidad en la región.
Las madres se sienten culpables. La comunidad está indignada. Y las autoridades impotentes, se convierten en testigos silenciosos y sospechosos. La vuelta al día a día no es sencilla, ni supone el fin de la pesadilla. Junto a las marcas físicas o la esterilidad, las huellas psicológicas, el peso del estigma social, la vergüenza y la culpabilidad son algunas otras secuelas que acompañarán a las niñas y familiares a su regreso al hogar.
Las viejas creencias y la magia negra
“Había un hombre en el pueblo que no podía tener hijos. Acudió al brujo, doctor de la comunidad, y le dijo que para curar su mal tenía que violar a una niña menor de seis años. Obedientemente, el hombre buscó una niña de cuatro y la violó”. La anécdota que relata Rugambwa de la organización congoleña UERPV ilustra el poder que todavía tienen los brujos y magos negros en algunos grupos poblacionales de África.
Escarbar en las razones que conducen a estos crímenes supone muy calladamente adentrarse en las prácticas de la magia negra, sobre las que se asientan las religiones tradicionales africanas y que todavía sobreviven en cada una de las tribus del continente. “La magia negra para los creyentes de la religiones tradicionales africanas es una práctica tan común, como lo es ir a misa para los católicos”, aclara el arquitecto ugandés y experto en cultura africana Adam Tumuwine, quien prosigue: “El conocimiento de la salud en África ha sido transmitido generación tras generación a través de ancestrales creencias místicas. El acceso, entendimiento y aceptación de las investigaciones de los blancos, cuesta dinero que la gente aquí no tiene. Es una cuestión de ignorancia y falta de educación. Mucha gente solo cree y entiende a los magos negros que, de hecho, son llamados doctores. Ellos prescriben muchas de las prácticas negras que ayudarán a aliviar sus males. En el Congo, las violaciones son prácticas comunes de la magia negra; en Uganda son frecuentes las mutilaciones de órganos y el canibalismo; y en Tanzania, los sacrificios de albinos”.
Las víctimas de entre cuatro meses y 17 años, son devueltas a su hogar tras ser violadas
Dicen que con la sangre de las víctimas hacen magia. La sangre es lo que vale, lo que da poder, estatus, dinero y salud. Pascal Bugagala, psicólogo de la ONG Coopera en Congo, explica: “Para ellos, la sangre de las vírgenes les limpia de enfermedades como el VIH y les libera de la esterilidad; la sangre provee de riqueza y trabajo o sube el rango y estatus en el caso de militares y policías; e incluso los maimais[rebeldes de la zona] la guardan en pequeños botes y se la untan en tiempos de guerra, evitando que las balas los atraviese”. Para el psicólogo, la reducción de violaciones de niñas vinculadas a la magia negra es un tema muy complejo ya que involucra profundas y arraigadas creencias religiosas. Intervenir sobre ellas es el reto que el territorio de Kabare debe asumir ahora.
La comunidad bashi
La rabia, la desconfianza y el dolor se perciben con todos los sentidos en estos pueblecitos de la tribu bashi. No obstante, ni el miedo, ni la indignación les ha paralizado. Maravilla ver cómo entre tanta necesidad, hay todavía espacio para la solidaridad y las relaciones de buena vecindad. Las pequeñas organizaciones locales (UERPV y Fundi Action, entre otras organizaciones vecinales), sin apenas recursos económicos se han organizado para apoyar a las víctimas. Voluntarias vecinas de Kavumu y Katana acompañan a las madres a los hospitales y cuando regresan a sus casas, trabajan directamente con las niñas para ayudarles a recuperar la confianza, autoestima y sociabilización. Una de las voluntarias comenta: “A través del ocio y actividades artísticas tratamos de trabajar con las niñas para hacerles reír y que sepan que pertenecen a un grupo que les quiere y les acepta. También hablamos con familiares para evitar el estigma social. Algunos discriminan a las víctimas porque dicen que ya no son puras”. La alegría y la convicción en lo que hacen son las principales herramientas con que cuentan estas voluntarias para las tareas de apoyo y reinserción de las víctimas. “Los niños deben vivir en entornos de amor, seguridad y confianza y esto es lo que tratamos que ellas recuperen”, concluye la mujer.
El presidente de la organización local Fundi Action afirma que, si bien no es fácil trabajar contra las viejas creencias de las personas, tras la organización de varias reuniones vecinales se ha llegado a la conclusión de que las tres posibles soluciones pasan principalmente por la instauración de una corte popular que juzgue a los agresores, la intervención profesional de apoyo a víctimas y familiares y, por último, la creación de talleres de sensibilización ciudadana e información pública con carácter educativo y preventivo. Por su parte, el hospital de Kavumu, sin electricidad en la mayoría de sus estancias, demanda placas solares para generar luz y poder atender a las víctimas las 24 horas. La ONG Coopera, una de las pocas organizaciones internacionales que se encuentran permanentemente en la zona, solicita fondos internacionales para una atención urgente en la zona.
Y las madres de Kavumu, como no podía ser menos, reclaman justicia, seguridad y voz.
En el emotivo discurso de recogida del Premio Príncipe de Asturias a la Concordia 2014, Caddy Adzuba resaltaba la importancia que el premio tenía por ser altavoz de las voces de todas esas víctimas sigilosas del horror.


O haraquiri. MARIO VARGAS LLOSA



FERNANDO VICENTE

Os cavalheiros japoneses já não se suicidam. Mas o ritual da imolação se mantém no mundo e agora é coletivo. É praticado por países como Argentina e Venezuela, e agora se aproxima da Grécia

http://brasil.elpais.com

O haraquiri é uma nobre tradição japonesa pela qual militares, políticos, empresários e às vezes escritores (como Yukio Mishima), envergonhados por fracassos ou atos que, acreditavam, os desonravam, desventravam-se em uma cerimônia sangrenta. Nestes tempos, em que a ideia da honra foi reduzida ao mínimo, os cavalheiros japoneses já não se suicidam. Mas o ritual da imolação se mantém no mundo e agora é coletivo: é praticado pelos países que, tomados por um desvario passageiro ou duradouro, decidem empobrecer-se, barbarizar-se, corromper-se, ou todas essas coisas ao mesmo tempo.
A América Latina está repleta de tais exemplos trágicos. O mais notável é o da Argentina, que há três quartos de século era um país do Primeiro Mundo, próspero, culto, aberto, com um sistema educacional modelar e que, subitamente, tomada pela febre peronista, decidiu retroceder e se arruinar, uma longa agonia que, sustentada por sucessivos golpes militares e uma homérica persistência no erro de seus eleitores, ainda se mantém. Esperemos que algum dia os deuses ou o acaso devolvam a sensatez e a lucidez à terra de Sarmiento e Borges.
Outro caso emblemático de haraquiri político é o da Venezuela. Tinha uma democracia imperfeita, é certo, mas real, com imprensa livre, eleições legítimas, partidos políticos diversos, e, mal e mal, o país progredia. Lamentavelmente, abundavam a corrupção e o desperdício, e isso levou a maioria dos venezuelanos a descrer da democracia e confiar sua sorte a um caudilho messiânico: o comandante Hugo Chávez. Tiveram oito vezes a chance de corrigir seu erro, mas não o fizeram, votando de novo e de novo em um regime que os conduzia ao precipício. Hoje pagam caro por sua cegueira. A ditadura é uma realidade asfixiante, fechou emissoras de televisão, rádios e jornais, encheu as prisões de dissidentes, multiplicou a corrupção a extremos vertiginosos – um dos principais dirigentes militares do regime comanda o narcotráfico, o único setor que floresce num país no qual a economia afundou e a pobreza triplicou —, e as instituições, dos juízes ao Conselho Nacional Eleitoral, servem ao poder. Apesar de haver uma significativa maioria dos venezuelanos que quer voltar à liberdade, não será fácil: o Governo de Maduro demonstrou que, embora inepto para tudo mais, na hora de fraudar eleições e de encarcerar, torturar e assassinar opositores suas mãos não tremem.
O haraquiri não é uma especialidade terceiro-mundista; também a civilizada Europa o pratica, de tempos em tempos. Hitler e Mussolini chegaram ao poder por vias legais, e bom número de países centro-europeus se jogou nos braços de Stálin sem grandes escrúpulos. O caso mais recente parece ser o da Grécia, que, em eleições livres, acaba de levar ao poder – com 36% dos votos – o Syriza, um partido demagógico e populista de extrema-esquerda, que se aliou para governar com uma pequena organização de direita ultranacionalista e antieuropeia. O Syriza prometeu aos gregos uma revolução e o paraíso. No catastrófico estado em que se encontra o país que foi o berço da democracia e da cultura ocidental, talvez seja compreensível essa catarse sombria do eleitorado grego. Só que, em vez de superar as pragas que o assolam, elas poderão recrudescer agora se o novo Governo se empenhar em pôr em prática o que ofereceu a seus eleitores.
Tais pragas são uma dívida pública vertiginosa, de 317 bilhões de euros [mais de um trilhão de reais] com a União Europeia e com o sistema financeiro internacional, que resgataram a Grécia de sua quebra, e equivale a 175% do produto interno bruto. Desde o início da crise o PIB da Grécia caiu 25%, e a taxa de desemprego chegou a quase 26%. Isso significa o colapso dos serviços públicos, uma queda atroz do nível de vida e um crescimento canceroso da pobreza. Se for para ouvir os dirigentes do Syriza e seu inspirado líder – o novo primeiro-ministro Alexis Tsipras –, essa situação não se deve à incapacidade e à corrupção desenfreada dos governos gregos ao longo de várias décadas, que, com irresponsabilidade delirante, chegaram a apresentar balanços e relatórios econômicos forjados à União Europeia para esconder seus erros, e sim às medidas de austeridade impostas pelos organismos internacionais e pela Europa à Grécia, para resgatá-la do desamparo a que as más políticas a haviam conduzido.
O Syriza propôs acabar com a austeridade e com as privatizações, renegociar o pagamento da dívida, com a condição de que houvesse uma “quitação” (ou perdão) relevante, e reativar a economia, o emprego e os serviços, com investimentos públicos sustentados. Um milagre equivalente a curar um doente terminal fazendo-o correr maratonas. Dessa maneira o povo grego recuperaria uma “soberania” que lhe teria sido tomada, ao que parece, pela Europa em geral, e em particular pela troika e pelo Governo da senhora Merkel.
O melhor que pode acontecer é que essas bravatas da campanha eleitoral sejam arquivadas agora que o Syriza já tem responsabilidades de Governo e, como fez François Hollande na França, reconheça que prometeu coisas mentirosas e impossíveis e retifique seu programa com espírito pragmático, o que, sem dúvida, provocará uma decepção terrível entre seus ingênuos eleitores. Se não o fizer, a Grécia encara a bancarrota, o abandono do euro e da União Europeia e o mergulho no subdesenvolvimento. Há sinais contraditórios, e não está claro ainda se o novo Governo grego recuará. Acaba de propor, no lugar do perdão, uma fórmula picaresca e enganosa, que consiste em converter sua dívida em duas classes de títulos, alguns reais, que seriam pagos à medida que sua economia crescesse, e outros fantasmas, que seriam renovados ao longo da eternidade. França e Itália, vítimas também de graves problemas econômicos, manifestaram não ver com maus olhos tal proposta. Ela não prosperará, sem dúvida, porque nem todos os países europeus perderam a noção de realidade.
Em primeiro lugar, e com muita razão, vários membros da União Europeia, além da Alemanha, lembraram à Grécia que não aceitam “quitações”, explícitas ou disfarçadas, e que os países precisam cumprir seus compromissos. Os mais severos a esse respeito foram Portugal, Espanha e Irlanda, que, depois de grandes sacrifícios, estão saindo da crise depois de cumprir rigorosamente com suas obrigações. A Grécia deve à Espanha 26 bilhões de euros [81,9 bilhões de reais]. A recuperação espanhola custou sangue, suor e lágrimas. Por que teriam os espanhóis que pagar do seu bolso as más políticas dos governos gregos, além de já pagarem pelas dos seus?
A Alemanha não é culpada de que um bom número de países da Europa comunitária tenha sua economia transformada em ruínas. A Alemanha teve governos prudentes e competentes, austeros e honrados, e por isso, enquanto outros países se desmanchavam, ela crescia e se fortalecia. E não se pode esquecer que a Alemanha precisou absorver e ressuscitar um cadáver – a Alemanha comunista – à custa, também, de formidáveis esforços, sem se queixar nem pedir ajuda a ninguém, apenas com o empenho e o estoicismo de seus cidadãos. Por outro lado, o Governo alemão da senhora Merkel é um europeísta determinado, e a melhor prova disso é a maneira generosa e constante com que apoia, com seus recursos e suas iniciativas, a construção europeia. Apenas a proliferação dos estereótipos e mitos ideológicos explica esse fenômeno de transferência freudiana que leva a Grécia (não é a única) a culpar o mais eficiente país da União Europeia pelos desastres provocados pelos políticos que durante tantos anos o povo grego enviou ao Governo com seus votos e que o deixaram no pavoroso estado em que se encontra.


Agressões sexuais envergonham a melhor universidade do Brasil





Homenagem ao Doutor Arnaldo na Faculdade de Medicina. / VICTOR MORIYAMA

Faculdade de Medicina da Universidade de São Paulo tenta manter intacta sua imagem enquanto alunos denunciam uma rotina de trotes e estupros

MARÍA MARTÍN São Paulo 

Marina Souza Pickman, de 24 anos, hoje aluna do quarto ano, conta que nas suas primeiras semanas na universidade sofreu duas agressões sexuais. Seu caso, junto com o de outras nove mulheres que nos últimos meses decidiram romper anos de silêncio, revelou um submundo de trotes violentos e abusos sexuais que se mantinha oculto atrás dos muros da Faculdade de Medicina da Universidade de São Paulo (USP), uma das mais prestigiadas e elitistas do país. As violações constituem somente a ponta de um iceberg de uma cultura na qual não só as mulheres são ultrajadas, mas também são reprimidos os alunos homossexuais e negros.
“Estávamos indo de uma festa a outra quando um colega se ofereceu para me acompanhar porque eu estava muito bêbada. Então, ele me empurrou para uma sala escura e começou a tentar me beijar. Eu resisti. Caímos no chão e ele se colocou em cima de mim e baixou as minhas calças enquanto me prendia os braços. E me penetrou com o dedo […] Depois, soube que esse mesmo colega agrediu outras garotas. É algo comum”, conta Marina.
Na segunda agressão, Marina acordou no pronto-socorro. “Bebi e não lembro de mais nada. Abri os olhos no hospital e meus colegas disseram acreditar que eu tinha sido estuprada. Levaram-me para tomar o tratamento antirretroviral para evitar o Aids porque acreditavam que eu tinha sido estuprada sem camisinha. O médico duvidou do abuso e meus colegas se negaram a lhe contar o que sabiam. Dias depois eu soube que um aluno tinha me deixado em uma tenda dormindo e ao voltar se deparou com um empregado da manutenção da faculdade em cima de mim, com as calças abaixadas. Eu disse que queria denunciar, mas a principal testemunha, que eu acho que também abusou de mim, me disse que não ia poder provar. Abafaram o meu caso. O próprio diretor disse que tinha medo de que a imagem da instituição fosse prejudicada”, recorda.
O empregado acusado de entrar na tenda, supostamente depois de pagar a alunos e seguranças, é o único indiciado até agora pelos episódios de violência sexual que marcaram a vida das estudantes e mancham a reputação da instituição desde 2013. O caso de Marina não é o único. Pelo menos dez alunas denunciaram seus casos publicamente ou ao Ministério Público, e uma Comissão Parlamentar de Inquérito (CPI) na Assembleia Legislativa do Estado convocou diretores, vítimas e supostos agressores para investigar as violações de direitos humanos, até então ocultas, nas universidades paulistas.
Aos relatos da faculdade de medicina se somaram as denúncias de alunas de outras universidades. Isso ocorre em um país onde se calcula que são cometidos 143.000 estupros por ano, mas somente 35% das vítimas denunciam, segundo o último Anuário Brasileiro de Segurança Pública.
A história que deu início a tudo isso é de Phamela Silva Feitosa, aluna de quinto ano de Medicina. Foi em 2013. “Dois colegas me convidaram para ir a um carro pegar mais bebida. Insisti que não queria ir, mas acabei indo. Começaram a beijar-me, a tocar-me, a meter a mão nas minhas calças. Gritei e um deles se irritou com isso, e me disse que, na realidade, era o que eu queria. Eu me salvei porque passou um casal.”
Phamela denunciou o abuso de forma anônima no site do Núcleo de Estudos de Gênero, Saúde e Sexualidade, o único lugar que acolheu seu caso, e desencadeou um furacão. “A atitude da faculdade foi hostil, quiseram convencer-me de que não havia acontecido nada, de que era algo sem importância ou que eu tinha inventado. Até me chamaram de puta, disseram que eu dormia todo mundo […]”, relatou Phamela na CPI. Seu depoimento deu origem à criação do grupo feminista Geni, que recebe as vítimas de abusos e discriminação, abriu as portas a mais denúncias e obrigou a faculdade a criar uma primeira comissão para investigar os estupros e o consumo de drogas na instituição.
Enquanto os casos passam a ser de domínio público, os alunos que, segundo as vítimas, abusaram de várias estudantes nos últimos anos, prosseguem impunemente com sua rotina de futuros doutores. Nenhum deles foi expulso. Um exemplo da sensação de impunidade que reina na universidade é a canção que, segundo as vítimas, se tornou moda no campus: “Estupro, sim, o que é que tem? Se reclamar, vou estuprar você também”.
Os veteranos mais envolvidos nas agremiações da faculdade, organizadoras das festas e dos rituais de boas-vindas, negam os abusos. Dizem que não sabiam que eram cometidos estupros e que na faculdade não são praticados rituais como o pascu, um trote que consiste em introduzir pasta de dentes (ou qualquer outra coisa) no ânus do novato e que apareceu várias vezes nos relatos dos calouros. Insistem em que há coisas que podem ser melhoradas, como a participação das mulheres nas atividades da universidade, mas que não há nada condenável.
A denúncia de Phamela abriu os olhos dos professores. “Foi seu modo de nos dizer: ‘Eu fui estuprada. Vocês vão fazer alguma coisa ou não?’”, lembra o professor Paulo Saldiva, presidente da comissão criada no ano passado para investigar os abusos e o consumo de drogas no campus. “Falou-se em reduzir o álcool nas festas, mas isso não era álcool, isso era uma tradição de veteranos na faculdade”, relata o médico. As conclusões do relatório da comissão são um maremoto na reputação de qualquer instituição, mais ainda em uma faculdade de medicina: “A violência sexual ocorre de forma sistemática em nosso meio […] Foram documentados vários episódios de intolerância étnica e religiosa, com muitos exemplos de ações racistas contra nossos colegas africanos […] As dependências da faculdade vivenciam rotineiramente o consumo excessivo de drogas [...].”
Saldiva abandonou o cargo de professor titular depois de concluir o documento. O médico se revoltou conta o silêncio da direção da instituição durante o momento mais crítico da crise, quando todo mundo ia ter acesso aos casos, na abertura da CPI. “Avisei que teríamos de ter uma posição oficial. Disse ao diretor que iríamos ser atropelados pelas circunstâncias e que teríamos de tomar a iniciativa para nos tornarmos um exemplo. Não adiantou nada.” Saldiva está pensando em abandonar a USP: “Quero saber em que faculdade dou aulas”.
Apesar de entre as denúncias ter surgido uma agressão ocorrida há dez anos, para o atual diretor da faculdade, José Otávio Costa, o escândalo explodiu em suas mãos quando acabava de assumir o cargo em 2014. Em um primeiro embate, Costa tentou acabar com a CPI da Assembleia, segundo denunciou seu presidente, o deputado estadual Adriano Diogo (PT). O professor, que não quis dar entrevista a EL PAÍS, negou essa intromissão e disse que somente tentou adiar a CPI até ter essa posição oficial que Saldiva e este jornal pediram. A faculdade proibiu festas e álcool e pôs em andamento um programa que oferece assistência jurídica e psicológica, bem como uma ouvidoria para as vítimas. A resposta institucional está longe de parecer com a adotada pelos Estados Unidos, onde 86 campi estão sob intervenção federal.
“Durante muito tempo eu me culpei por ter bebido e não ter oferecido resistência suficiente, por ter confiado”, afirma Marina. “Mas hoje me parece ridículo que não possa embebedar-me em uma festa da minha faculdade com meus colegas de classe, pois podem estuprar-me.”